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El arte de infusionar (II)
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El arte de infusionar (II)

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Retomando el artículo anterior, tengo que empezar disculpándome a lo Juan Carlos, con un sincero “Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”. Y lo hago porque el término “infusionar”, tal y como lo usé, y como lo utilizo en el título de hoy para no perder el hilo, es erróneo. En realidad lo correcto sería hablar del arte de preparar tisanas, o inventar el verbo relativo a la acción, con “el arte de tisanear”, pero no tenía tanto enganche. Corregido el error, podemos proseguir con la aclaración.

Tisana proviene del griego ptissein, que significa batir cebada. La cebada batida era una especie de cerveza no fermentada. Y te preguntarás… ¿y por qué se atribuye el término tisana a las plantas medicinales, y en cambio no decimos que nos “vamos de tisanas” cuando nos tomamos unas cañas? Pues porque antiguamente, la bebida de cebada era un remedio buenísimo para tratar la fiebre, y a veces se combinaba con otras plantas medicinales. Con el tiempo el término tisana se atribuyó a la bebida de agua con hierbas con propiedades medicinales, llevase cebada o no.

Por lo tanto, la TISANA es el resultado, lo que vamos a tomar. Pero las formas de extracción (o dicho coloquialmente, las maneras de prepararla) son las que variarán para ayudarnos a reunir el máximo de principios activos y que la bebida esté cargadita de propiedades.

De estas formas destacamos las siguientes:

INFUSIÓN: o lo que es lo mismo, verter agua hirviendo sobre la planta. Te preparas tu filtro con la hierba en la tacita, y cuando el agua ya está caliente entonces apagas el fuego y llenas la taza. En ese momento es muy importante poner una tapa para que los vapores no se escapen. De esta forma haremos que esas sustancias volátiles que perfuman el ambiente no se escapen y vuelvan al agua por condensación. Este tipo de preparado se suele hacer con las flores y partes frágiles de las plantas. Los pétalos suelen estar cargados de antioxidantes y azulenos, sustancias muy sensibles al calor. Si los sometemos a un calor muy elevado y prolongado es muy probable que perdamos sus propiedades.

DECOCCIÓN. Aquí la diferencia principal es que la hierba la pondremos en el agua cuando esta esté fría, y una vez arranque el hervor lo dejaremos unos minutos hasta apagar el fuego. Para hacer una decocción de sobresaliente hay que mantener el fuego bajo desde el inicio, y hacerlo en un recipiente bien tapado. Tal y como hablamos en el artículo anterior, la decocción y el calor prolongado ayudará a liberar las propiedades de partes de las plantas con estructuras más duras. Aunque soy reacia a poner tiempos de cocción, me voy a llevar la contraria para incluirá continuación una pequeña tabla de tiempos de cocción como referencia.

Hojas duras

2 minutos

Cortezas

5 minutos

Raíces

8 minutos

Granos enteros

10 minutos

 

De nuevo, es algo aproximado donde se puede apreciar la lógica estructural: a estructura más dura, tiempo de cocción más elevado. Cuando tenemos una mezcla de plantas, podemos hacer una media.

 MACERAR: o dejar la hierba en remojo con el agua a temperatura ambiente. Este proceso puede ser previo a la decocción: por ejemplo, dejo macerar en agua una parte de la planta durante toda la noche y por la mañana la ponemos al fuego.

Las maceraciones también son ideales para extraer los mucílagos mucílagos (o “gel” que nos ayudará a hidratar y restaurar mucosas, como el que libera las semillas de lino).

Una de las maceraciones que más me gusta es las de las flores de malva: dejar las flores durante un par de horas en agua mineral y después filtrar y beber el líquido a lo largo de ese mismo día. Una forma de enriquecer el agua con mucílagos (restaurando así tanto las mucosas intestinales como las del tracto superior en caso de resfriados), y que lo pueden tomar los niños. El agua adquiere un color azul-violáceo que irá cambiando a lo largo de las horas (nos indicará su estado de oxidación).

 

Y hasta aquí no descubro nada nuevo. Es teoría que suele aparecer en muchos libros de hierbas y preparados. La terminología correcta.

Pero hay otro tipo de preparado que no suelen hablar los libros y que es también efectivo y sencillo de preparar: ¡el TRITURADO! Y es que si cogemos una planta que esté seca y la trituramos hasta reducirla a polvo (con un molinillo de café, por ejemplo), estaremos rompiendo su estructura y la podremos consumir sin someterla a calor: simplemente cogeremos una cucharadita de planta y la mezclaremos en agua (puede ser fría o templada), y la tomaremos tal cual. También la podríamos tomar rellenando cápsulas de gelatina vacías con la mezcla triturada para ingerirla y que llegue directamente al estómago sin sufrir su sabor.

Este proceso ya lo llevan a cabo los laboratorios: congelan la planta y la reducen a polvo y después la compactan para tomar la forma de pastilla y así tomar la dosis de planta (esto se llama CRIOMOLIENDA).

Esta sería una buena alternativa para consumir plantas con sabor, digamos… complicado. Por ejemplo, tomar ajenjo puede ser muy duro. Pero si se toma molido y con agua fría, la baja temperatura reduce un poco el amargor y lo hace más bebible.

Y hasta aquí el “arte de hacer tisanas” (ahora sí, con terminología correcta!).

¡Sabiendo todo esto seguro que a partir de ahora preparas unas tisanas de 10!